piensoparavivir

Rincón verbálico de Indalo. ¡Cuántos libros por leer! y lástima, que la vida sea tan breve.


Deja un comentario

En la barra del café

Barra bar

Acuarela de Josehmari2

El café es la bebida (tras el agua) más consumida en el mundo y su consumo es imprescindible para una mayoría de personas. Un café es pretexto para una invitación, para acabar un buen ágape o simplemente para espabilarse de buena mañana o alargar una velada. Me gusta observar desde la barra de cualquier bar que sirva buen café, cosa cada vez harto difícil, a la gente. Café corto, largo, doble, cortado, manchaíto (descubrí en Sevilla), con leche, sin azúcar, con sacarina, trifásico o carajillo de ron, anís, coñac, güisqui (sí, está bien escrito)….Del carajillo recuerdo que tiempo atrás, en establecimientos de copete, tenías que pedirlo como picardía o perfumado. Los tiempos han cambiado. En fin, que hay múltiples maneras de degustar el café. La más rara que he visto es a una inglesa acompañar un café con leche con una tapa de berberechos. Menos extraño es ver que pidan un cortado con la leche caliente y después de dos sorbos decir que está muy caliente y demandar que se le añada leche fría. Es una forma de tomarse un café con leche a precio de cortado. Tampoco es inusual observar que a un café descafeinado con leche descremada y sacarina se le acompañe con un croissant de chocolate o una pasta de crema. Una forma de repartir el cargo de conciencia. El café tomarlo con amigos parece que reafirma la amistad. Ésta, decía Kant, es como el café, una vez frío nunca vuelve a su sabor original, aún si es recalentado. No obstante discrepo, en verano, me gusta con hielo.
Lo que me tiene más intrigado es la forma de utilizar la cucharilla. Dejo al margen a los que beben sin sacar la cucharilla de la taza o vaso, con el dedo meñique brindando al sol o los que apuran el azúcar mal disuelto que ha quedado en el fondo. Me refiero a remover con la cucharilla a la derecha, en el sentido de las agujas del reloj, a la izquierda o de forma indistinta. En principio parecería lógico atribuir la forma de dar vueltas con la cucharilla a la condición de ser diestro, zurdo o ambidiestro. Pues no. He dado con una estadística en un blog. De 1.847 opiniones, en que los zurdos son minoría, sale el siguiente resultado: 50% a la derecha, 35% a la izquierda y 15% indistintamente.
No sé por que extraña premonición se me ha ocurrido examinar la composición del Congreso de los Diputados y ¡eureka! la composición es PP 53%, PSOE+Izquierda plural 34,5% y resto de partidos 12,5%.
Mientras pienso si a partir de ahora pongo azúcar al café, os invito a ( Ojalá que llueva) café.
Pero, por favor, ¡ no removed a la derecha !.

El café es un veneno tan lento, que llevo cuarenta años tomándolo (Voltaire)


Deja un comentario

Letras de otoño

Letras caidasHoy domingo, 28 de Setiembre, ha amanecido un día lluvioso, típico de otoño. Mientras desayuno oigo el repique de la lluvia y a Andrés Aberasturi,  a través de las ondas, desgranando sus melancólicos pensamientos en la poesía de la vida. Paro atención y cuenta que las letras se cansan de estar en las palabras y caen como las hojas de otoño. Me da que pensar. Avisa la cafetera mientras se me cuela en la cocina una mosca otoñal. Pues sí, una s caída no cae en mi café moca matinal. Mientras tomo el café el humo del cigarrillo dibuja letras en mi imaginación, que suben, bajan, se entrelazan y se deshacen lentamente hasta desaparecer. Calada tras calada se me dibujan palabras y letras que caen: Setiembre es el timbre que avisa al otoño de que el desamor se transforme en amor y que las caricias no sean caras y que el dolor se cure con el olor otoñal. Que se cumplan nuestros deseos, ese que anhelamos y que las lágrimas no sean grima sino rimas de felicidad. Se va acabando el cigarrillo y el café. La última bocanada me dibuja el calendario que se me queda en dario; y Ruben Darío me viene a la memoria. Busco en mi justa biblioteca y encuentro las palabras que se escriben en la bruma de mi imaginación.

Escribió Darío en su poema “Yo persigo una forma” : Ésos no ven la obra profunda de la hora, / la labor del minuto y el prodigio del año.
Pues sí, es un prodigio pasar año y volver a ver caer las hojas del calendario y llegar a otro otoño para hacer caer letras de mis pensamientos y encontrar las palabras amables que todos buscamos y necesitamos.


Deja un comentario

Mercadillo scrabble

Jugar al scrabble es una buena gimnasia mental. Y si es contra un disco que contenga las 88.000 acepciones del DRAE, mucho más. Algunas de las palabras que me clava mi contrincante virtual las desconozco. Suelo consultarlas en el  diccionario y la mayoría de ellas son acepciones hispanoamericanas. De las últimas partidas he ido guardando palabrejas y he caído en la cuenta de que daban para un relato. Relato que, el que lo quiera entender, tendrá que recurrir al diccionario. Ahí va el microrrelato:

*************************************************************************************************************

Mercadillo

Acuarela de Montserrat Figueras

A medida que el viajero, con su tanate, iba descendiendo por el serpenteante camino que le acercaba al pueblo, éste lo ensoñaba con el Marcondo imaginario de García Márquez. Un sol cálido iluminaba las blancas casas y el azul del cielo se confundía con el mar. En la ensenada destacaban los palos de un lugre. Junto al mismo un viejo y su tup mascaban buyo mientras con mano firme lañaban unos bocudos chernes con filosos aceros que se reflejaban en el telliz de las tortugas. Se adentró en el pueblo siguiendo al hombre del chambergo que caminaba con paso zompo, respiro hogo, arrastrando un pequeño plaustro con una hanega de capi y la echona al hombro. Llegó a la plaza del mercadillo atiborrada de tenduchos en los que los toderos ofrecían sus productos en un total ñaque y gran tole. El ambiente se mezclaba con el olor de los preparados de hutías recién traídas del cercano macelo, las tabeas, algunas cudrías, tucos pelados, el perfume de la chivaza y el tlazol amontonado. Los hombres disfrutaban de la bija en los aguaduchos y las mujeres de los ñoclos sentadas en vistosas zofras teñidas de ñipe. Los conotos alegraban el mercadillo por cien años de alegría, que no de soledad.