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Rincón verbálico de Indalo. ¡Cuántos libros por leer! y lástima, que la vida sea tan breve.


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Mercadillo scrabble

Jugar al scrabble es una buena gimnasia mental. Y si es contra un disco que contenga las 88.000 acepciones del DRAE, mucho más. Algunas de las palabras que me clava mi contrincante virtual las desconozco. Suelo consultarlas en el  diccionario y la mayoría de ellas son acepciones hispanoamericanas. De las últimas partidas he ido guardando palabrejas y he caído en la cuenta de que daban para un relato. Relato que, el que lo quiera entender, tendrá que recurrir al diccionario. Ahí va el microrrelato:

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Mercadillo

Acuarela de Montserrat Figueras

A medida que el viajero, con su tanate, iba descendiendo por el serpenteante camino que le acercaba al pueblo, éste lo ensoñaba con el Marcondo imaginario de García Márquez. Un sol cálido iluminaba las blancas casas y el azul del cielo se confundía con el mar. En la ensenada destacaban los palos de un lugre. Junto al mismo un viejo y su tup mascaban buyo mientras con mano firme lañaban unos bocudos chernes con filosos aceros que se reflejaban en el telliz de las tortugas. Se adentró en el pueblo siguiendo al hombre del chambergo que caminaba con paso zompo, respiro hogo, arrastrando un pequeño plaustro con una hanega de capi y la echona al hombro. Llegó a la plaza del mercadillo atiborrada de tenduchos en los que los toderos ofrecían sus productos en un total ñaque y gran tole. El ambiente se mezclaba con el olor de los preparados de hutías recién traídas del cercano macelo, las tabeas, algunas cudrías, tucos pelados, el perfume de la chivaza y el tlazol amontonado. Los hombres disfrutaban de la bija en los aguaduchos y las mujeres de los ñoclos sentadas en vistosas zofras teñidas de ñipe. Los conotos alegraban el mercadillo por cien años de alegría, que no de soledad.

 

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Una cena indigesta

Decía Mariano José de Larra:

No sé quién ha dicho que el gran talento no consiste precisamente en saber lo que se ha de decir, sino en saber lo que se ha de callar.

De este reflexivo pensamiento me permito el siguiente microrrelato:

SILENCIOEl joven abogado entregó a una impecable recepcionista la invitación y ésta lo llevó a la mesa que se le  había asignado. Estaba emocionado. Era  una cena de gala en la que estaba presente la flor y nata del mundo jurídico. La cena transcurría animadamente. Le había tocado al lado una simpática abogada y departían contándose anécdotas  con rechiflas. Una buena cena con excelentes vinos alegraba la velada y la locuacidad del joven En el momento que la abogado menta a un magistrado de la Audiencia,  de súbito, todos los comensales oyeron un estentóreo ¡vaya imbécil el magistrado del 5!. Un fuerte dolor recorrió la espinilla del abogado. No cabía duda   la fija y acerada mirada del que tenía enfrente era la del magistrado. Sentía retorcijones de estómago, pasajero, pensó, pero fue creciendo. Avergonzado abandonó la mesa. Ya en el baño,  viendo en el espejo su desencajado rostro susurró amargamente: el imbécil soy yo.

Moraleja:

Manejar bien los silencios es más difícil que manejar los excesos de la palabra.

 


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Luces de Navidad

LUCES2El niño con el gorro calado hasta la orejas y la bufanda multicolor mira con ojitos expectantes los preparativos para el viaje que le llevará a él y a sus padres al pueblo de los abuelos para celebrar la Navidad. Arrancan. Llevan menos de una hora en ruta y a lo lejos se divisan luces multicolores. ¡Luces de Navidad! exclama el niño. No hijo, es un coche accidentado, aquel que nos ha pasado hace un rato a toda velocidad. Oye papá, yo quiero ver las luces de Navidad en casa de lo abuelitos. Sí hijo, yo también. Te lo prometo.

Microrrelato de 100 palabras. De la misma manera que podemos controlar el número de palabras, controlemos la velocidad cuando nos ponemos al volante


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La gran medusa

medusa¡Al fin vacaciones! Primer día de playa para María que ya no tiene que pisar la empresa ni los juzgados hasta setiembre. La bandera roja ondea por fuerte marejada y las medusas no invitan al baño. María saca de su bolsa playera un cuaderno y dada su afición ilustradora empieza a dibujar una medusa y después otra y otra y otra mientras sus ojos se van cerrando y se sume, bajo la sombrilla, en una placentera somnolencia. De repente la sombrilla se va acampanando, transformándose en una gran medusa que la engulle poco a poco, sus tentáculos le oprimen y se convierten en las furibundas caras del comité de empresa que le recriminan, por considerar un oprobio, la prórroga sin mejoras, del convenio colectivo. Se despierta sobresaltada. Las medusas han desaparecido, el mar ya está en calma y la playa luce bandera verde. ¡Uf! suspira aliviada…hasta setiembre.


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Gorgona

gorgonaSiempre hay asignaturas que se atragantan. En mi caso fue Derecho Mercantil . Aún recuerdo con terror estar ensimismado delante de mi cuaderno de apuntes y que parecían haberse convertido en piedra por la gorgona  medusa. Quedaba sin remedio encallado en el derecho concursal, enredado en el mercado de valores y en colisión con las colusiones prohibidas. ¡Qué horror!  Había intentado estudiar en petit comité con otros compañeros pero no hubo manera, seguía atenazado por la medusa homérica y no podía desprenderme de su terrible maleficio. Tuve que pasar por el oprobio de  una prórroga de mi sufrimiento hasta Setiembre. Llegó el día del examen y aprobé. Días más tarde reparé en que ya no llevaba el amuleto con la égida de la gorgona. Nunca más lo he vuelto a echar en falta.